Showing posts with label Tina St. Show all posts
Showing posts with label Tina St. Show all posts

15.8.08

One Year


A principios del año pasado, recibí la terrible noticia de que Tina estaba en una etapa terminal un cáncer invasivo en su hígado y páncreas. La noche que lo supe, luego de verle en el hospital, sin que ella misma supiera todavía que se trataba de una enfermedad terminal, quise sentarme a retratar mucho de lo que ella significaba para mí.

Decidí compartir con aquellos que leen este blog algunas vivencias que he tenido con ella, y por qué era tan importante. No les había ni siquiera revelado quien era. Devolver el cassette fue un viaje interesante que pude compartir, reviviendo episodios, y visualizándo a Tina como lo que fué: un ser humano con defectos y virtudes, que la hicieron un ser muy intenso.

Detesto las reseñas que beatifican a la gente, pero tampoco podía hacer los posts sin que se permeara el inmenso afecto que siento por ella. El resultado fue lo que muchos leyeron, y que se puede revivir haciéndole click a la imagen de portada de este post, que decido re-compartir a raíz del primer aniversario de su muerte.

We still miss U Tina.


_____

Creative Commons License
The D|Verse|City Network is an umbrella domain 4 personal creative Xperimentation with no commercial purposes. Creative Writting Experimentation by D-Verse-City Networks is licensed under a Creative Commons Attribution-No Derivative Works 3.0 Unported License.

17.8.07

Tina [10]

Cualquier entierro, -en especial este- es la cruel bofetada que me recuerda con risa burlesca: la miserabilidad, crueldad, la humillante experiencia de la muerte nos obliga, no importa cuán poderosos nos sintamos, conquistemos, hagamos, todo se va en un cerrar de ojos (no, abrir no…).

Conflictúa ver cómo a nivel de sociedad tratamos de dignificar con nuestros dogmáticos protocolos de flores, estuches finos, discursos altisonantes, vestimentas elegantes, la cruda ley de que nos vamos a volver polvo, y que ese ser humano que amamos, con todo nuestro corazón, se descompone en una lúgubre cripta mientras vivimos un duelo.

La Biblia misma afirma como “hecho calamitoso”: “Todos son lo mismo […]. Un mismo suceso resultante hay para el justo y el inicuo, el bueno y el limpio y el inmundo[…]. El bueno es lo mismo que el pecador; el que jura es lo mismo que cualquiera que ha temido un firme juramento” (Ecl 9:2,3). No es que no tenga esperanza, de hecho así es. Pero si Jesucristo lloró cuando al morir Lázaro sus hermanas se lamentaban, incluso previo a resucitarle; no es también humano sentirse afectado por el cruel recordatorio del párrafo anterior? La muerte nunca fue parte del plan Divino para empezar, sino un castigo.

Sin embargo, el shock todavía me tiene cautivo. Solamente he logrado derramar una lágrima, hoy en su entierro, al escuchar a alguien decir ‘Tina se nos fue, ahora sí!’. Sé en mi corazón que el asunto no ha terminado, y yo mismo no termino de entender por qué a pesar de que no he intentado negar mi duelo, no he pasado por el período complejo emocionalmente bajo que eso imputa.

Tal vez, estoy alegre por que Tina ya no sufre. Además me reconforta la idea de que su familia, ya no viva la desesperante situación de saber que Tina ya quería morir, pero su fuerza característica no la dejaba descansar, y su existencia no cesaba. Tal vez mi duelo se ha comenzado a elaborar desde que comencé a escribir esta serie de posts, en la que he podido compartir con ustedes lo que es, y al recorrer en el tiempo las escenas y vivencias siento que mucho de lo mejor de Tina esta pragmado en mí, y me permea…

Tal vez me ha reconfortado el alivio del soporte emocional de mis hermanos en la fe, mis amigos, y mis excompañeros de trabajo que han estado ahí pendientes y siempre pendientes de cómo estoy. Tal vez tengo la conciencia limpia de que las noches que dediqué a cuidar a Tina, han sido momentos de compartir que han coronado la ya de por sí maravillosa compañía de la que he sido bendecido de disfrutar a su lado.

Así que hoy, mientras los que la beatificaban la beatificaron, y mientras los que aprovecharon egoístamente el funeral de Tina para apuntar hacia sí mismos y su pseudo sui-géneris relación con Tina, esos, todos esos que no la visitaban ni la ayudaban pero que luego de su muerte eran los más maravillosos y compasivos seres humanos, yo andaba sumido en los verdaderos momentos importantes con Tina. Algunos de los cuales ya les conté.

“Por esa señora, es que te conocimos a vos”, me dijo una excompañera de trabajo. Y entonces me dí cuenta que yo he andando predicando su evangelio de eventos chiflados y ocurrencias con la gente que tengo cercana, y de mi boca brotan sus dicharachos, salidas, y comparto su misma locura. Tina vive de alguna forma dentro de mí.

Este es, como parte de los cierres, el último post que escribo de esta serie de Tina, aunque probablemente no sea la última vez que la menciono. El final de la película “Amores Perros” dijo algo impactante que aplica ahora: “También somos lo que hemos perdido”.

Antes de cerrar este post, debo disculparme por la revelación que estoy apunto de hacer. Se que muchos de los que han leído estas líneas me tienen estima, y aunque valoro mucho esto, no he querido que el afecto que alguno de ustedes me profese se inmiscuya en lo que he querido narrarles sobre Tina. Esa es la razón por la que he dejado que vean a Tina por lo que es, en todas sus dimensiones. Me he cuidado de revelarlo, pero durante todos estos días, les he estado hablando de mi abuelita paterna.

Sé que brillaste mi vieja loca. Se que todos los que han estado leyendo esto te vieron brillar. Y pronto, bajo un nuevo orden de cosas, cuando volvás y nos encontremos, en la resurrección, nos reiremos cuando te diga: “Diay vieja loca?” y vos me repliqués “Loca su abuela!”. Entonces, “la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores [habrán] pasado” (Apocalipsis 21:4).



A la memoria de:
Argentina González Castro
“Doña Tina”
1928-2007.

Tina [09]

"La expectación pospuesta enferma el corazón"- Proverbios 13:12

En los últimos días, la condición de Tina ha cobrado más fuerza en degradarle... Del sábado pasado hasta ahora ya no tiene aquellas fiebres terribles, pero ya no come. El domingo comenzó a disvariar, y en la noche me decía "Cuberito", que es el apodo que tenía su papá. Pasó la noche entre llamar a sus hermanos, algunos ya fallecidos, quejarse con Cuberito, y de cuando en cuando alzar sus manos al cielo y decir "Dios de bondad y amor", alzar las manos, y si entendí bien, creo que hacía movimientos como los que hacen en los cultos de la iglesia a la que ella asistía (realmente no se, por que no comparto su fe). Pasé la noche del domingo con ella, así que la última véz que la ví fue el lunes, al despedirme por que tenía que ir a trabajar. Cuando me despedí creo que ni cuenta se dió. Parece que para las diez de la mañana de ese día, ya no reconocía a sus hijos. Ahora los hombres son 'hermanos', y las mujeres 'hermanas'.

La cercana muerte parece ser apenas el primer trompetazo de la otra serie de revelaciones que predicen que la unión entre sus hijos se hará aún más fría, y que la sangre se va a arralar. Mujeres como Tina son los imanes de la familia, que cuando faltan, eliminan cualquier atracción entre los otros componentes. Lo desesperante de su condición va mas allá de saber que va a morir. El domingo en la madrugada ella ya quería estar muerta. Pero la fuerza de Tina, por primer vez, operaba en su contra. En cierto momento decía: "No ve que me voy a morir?". "Descanse mamita",

Le invadió una especie de desconsuelo mezclado con sus alucinaciones: "Deme agua pero sin agua!", me decía enojada. Desde como la media noche, pese a estar fría, me decía (y costaba entenderle por que ya no articulaba bien): "Quíteme la cobija!". Yo le contestaba: "Estás segura? Está haciendo frío". Y me respondía: "Quítemela, quíteme la cobija, quíteme todo, quíteme la vida...!".

Logré detectar un patrón cíclico en su dolor: luego de estar dormidita por los sedantes, brincaba con un grito por un dolor muy fuerte en su abdomen. Decía dos o tres frases disparatadas, y su pecho se movía despacio con respiraciones profundas: luego de eso cada vez que soltaba el aire le daba hipo, varias veces, a lapsos de mas o menos ocho o diez segundos, hasta que volvía a dormirse por unos cinco minutos. Sé que sonará patético que haya llegado al punto de determinar sus constantes de comportamiento, pero cuando tienes toda la noche en esto sistematizas la experiencia.

La dosis de su sedante se duplicó en los últimos días. Para anoche, se me cuenta que llegó al hartazgo y decía: "Ayúdenme! yo no quiero que me acaricien la cabeza ni que me den besos, lo que ocupo es ayuda! Ayúdenme!". Y quién no se va a cansar de no poder levantarse? Ni acostarse, ni hacerse de lado? Quién no se desesperaría de tener una sonda pegada, tener gente alrededor que lo más que puede hacer es tomar tu mano cuando te duele? No nos sentiríamos cansados vos y yo de sentir que ya no tiene mucha lógica seguir vivo y sin embargo no logras descansar?

El cansancio no es solo para Tina. Su hijo menor ha dedicado día y noche a su lado. Ya está tomando antidepresivos. Los otros hijos, también están agotados, y en el estrés de la situación, cada quien canaliza como puede lo que vive, a costa de algunos derechos fundamentales. La imprudencia de otros alrededor, que sienten que ser solidario es decirle a Tina cosas como: "Démele un beso a mi papá", o "Me le da un besito a Dios", o "Dale besitos a mi mamá". Los seres humanos no conocemos límites ni altruismo. Para otros, ser solidario es andar alrededor de su cama, hacerse una bomba de mocos llorando y decir al final: "Cualquier cosa que ocupen, me llaman".

La miserabilidad de la muerte. La insensatéz humana. La impotencia de los pocos que no se inmutan. Es cierto, es dura la vida, pero para recordarnos que aún puede ser peor, Tina grita con dolor "Dios mío, qué duro morirse!".

Luego de una sufrida, lenta, y desconsoladora fase terminal, Tina falleció a las 12:10 a.m. de este quince de agosto. Es una fecha particularmente significativa en el país, siendo que se celebra ese día el Día de la Madre, que aunque yo no celebro, sé que en su familia sí y por ende será un golpe particularmente más complejo.

7.8.07

Tina [08]

Son las ocho de la noche. Tina duerme... Toda su casa huele a medicina, y a cobija. Al principio, el silencio es desesperante. Pero cuando te comienzas a adaptar al silencio, comienzas a notar que para tu desgracia, lejos de estar en silencio, hay un escándalo subyacente que te desespera.

Los dos relojes de pared que tienen poco menos de medio segundo de diferencia con cada movimiento de aguja, y que estereofónicamente, marcan con esa diferencia, la llegada de otro segundo. Es casi como si fueran la base rítmica de una melodía, en la que todos los movimientos musicales de determinan por los ronquidos de Tina, que aumentan o decrecen dependiendo de su posición. Aparentemente los tumores comprimen sus pulmones, lo que explica los eventuales pseudo gemidos que tiene, que denotan que aunque duerme profundamente, algo no es tan placentero como debiera serlo. Su despensa está llena de compotas de sopa, frutas, y ciruela pasa para su estreñimiento.

He revisado varias veces... Y he topado con suerte... Tina no tiene fiebre. Durante los días previos en la semana, ha tenido terribles calenturas, que aunados a los medicamentos provistos por la clínica del dolor, la han hecho alucinar aún más. Durante todos estos días, en medio de todos aquellos lapsus, Tina muestra cual un polígono, sus diversas caras. La Tina peleona ("quién me puso esta porquería de pañales"), la rencorosa y paranoide ("por qué me botaron los adornos que puse en la sala?"), la vulgar (no soy capáz de citarlo, pero esta vez tendrás que creerme), y la comediante (humor vulgar, que también te quedo debiendo).

Su piel está amarilla de nuevo, su boca carmín, aparentemente exaltado a raíz de sus fuertes fiebres, y su pelo absolutamente alborotado. Su piel se está secando, producto de sus intensas fiebres (por que suda mucho) y su pérdida del apetito. Justo cuando me estoy quedando dormido, Tina se voltea y da un inconsciente gemido, lo que me despierta y me pone en alerta, pero realmente no pasa a más...

Poco antes de la medianoche, viene su hijo menor. Quise evitar que llegara esta noche, al fin y al cabo el ha estado demasiado cerca de todo este agónico proceso. Me dolió saber que ya está tomando antidepresivos, y me conmovió saber que recurrió a un permiso de trabajo para estarla cuidando todos los días. A las doce en punto, la despierta, le dice que escoja en qué parte del cuerpo quiere esta vez la inyección para evitar el dolor, le da la medicina que yo omití dar a las 10, y le da un poco de agua.

- "Hace rato llegó?", me preguntó.
- "Si, pero ella ni cuenta se ha dado. Ha estado durmiendo tan profundamente que no creo que se de por enterada que estoy aquí", contesté.

Tina tiene su ojo entreabierto, y digo el ojo por que el otro se le está cerrando, supongo que a raíz de la enfermedad... Me mira profundamente, y para probarme que ya sabe que estoy ahí, me estira los brazos para darme un abrazo y hace que me quiere dar un beso. "Diay, vieja loca?", le digo. "Loca su abuela!" me contesta...

Mientras trato de conversar con ella noto que su lucidéz mental se está perdiendo... Dice una frase coherente, y las otras son solamente intentos de decir corolarias... Le pregunto qué se ha soñado, y me dice que soñaba que tomaba un Gerber licuado con hielo, y frutas. Su hijo me dice que ese ha sido últimamente su platillo favorito, y le trae una botella parecida a las de Powerade, pero con el bebedizo que le gusta. Mientras se lo toma, dice: "Qué hago?" Y señalando su hijo, dice "... este es mi chiquito..." y le dice a el, señalándome "...y este otro también es mi chiquito... con cuál de los dos me quedo?". Yo le dije: "de alguna forma somos lo mismo... " Antes de volverse a dormir, me dejó hacerle mi habitual masaje en los pies. Su piel cada vez está más seca... Luego de eso le dí las buenas noches y apagué las luces...

En la madrugada, siento que se mueve... Me despierto y es ella que intenta levantarse para ir al baño. De nuevo está molesta por que le pusieron pañales. "Seguro están deseando que no pueda ni ir al baño verdad?", me dice enojada. "En la cabeza de quien cabe desear algo así?", le contesté. Parece que mi respuesta la calmó un poquito... Luego de ir al baño me acosté a su lado, haciéndole piojito... Me dijo que tenía frío en los piés, así que le puse mis piés entre los de ella para que se calentara... Luego hizo como que tosía... Pero luego me dí cuenta que en realidad estaba sollozando y quiso disimular...

-Llore tranquilita... desahóguese.
-Es duro ver a mis hijos sufrir así por mí. No es justo que estén abandonando todo lo que tienen por estarme cuidando. Están tomando antidepresivos y todo...
- Y no hiciste vos lo mismo por tu madre antes de morir?
- Sí.
- Y no eras vos la que corrías por ellos cuando estaban enfermos?
- Sí, siempre lo hice...
- Entonces por qué te parece injusto que ellos quieran retribuirlo? No te parece normal?
- Sí pero están sufriendo.
- Vos no?
- Si...
- No es culpa tuya, ni de ellos... Todos somos víctimas de esto, pero en especial vos. Culpabilizarte no te ayuda... Llore tranquilita, no se preocupe...
- Me voy a morir y no conocí ni un hijo tuyo, egoísta! -dijo sin la mínima conexión con el tema previo.
- El mundo tiene suficiente con locos como vos y yo... querés extender la plaga?
- Yo quería conocerte un hijo...
- Sería muy feíto...
- No, vos sos mi chiquito....

Le dí un abrazo y contuve mi llanto... se quedó de nuevo dormida. Finalmente la inyección funcionó... Me quedé dormido un rato más, y luego era hora de ir a trabajar... Dicen que la mañana era su mejor momento, y de veras se veía mucho más lúcida. Pero hubiera preferido no ver la inmensa tristeza de sus ojos... Al despedirme, me dió un gran abrazo, y yo no la pude apretar tanto como pude por que tenia miedo de lastimarle... Dice su hijo que quedó toda contenta y hasta comió más.

Sin embargo, poco antes de despedirme, viéndole a la cara, pude escuchar la detestable sinfonía de los relojes, el odioso olor a medicina, y pude sentir la misma angustia de Poe:

"Fuera, fuera las luces, todas ellas!
Y sobre cada forma que se mueve,
La cortina, una fúnebre
Baja con la premura de una tormenta,
Mientras los ángeles, todos pálidos,
Desafiantes, en primicia afirman
Que la obra es la tragedia, "El hombre"
Y su héroe, el Gusano Conquistador..."

Tina [07]

Desde que terminó de llevarse los colerones con los tamales el diciembre pasado, Tina afirmaba no sentirse nada bien. Algunos comenzaron incluso a notar que el color de su piel cambió, y se tornaba color naranja. Poco a poco comenzó a padecer de una extraña alergia, y sufría malestares estomacales. Sus deshechos comenzaron a presentar colores atípicos, y ella solo decía acongojada: “Yo estoy podrida por dentro”.

Ya para febrero de este año, Tina fue internada en el hospital México, cama 513. Su tez es un poco menos amarillenta por que ya esta menos intoxicada que antes (estuvo como color naranja). Dicen que anda acosando un enfermero por que ‘tiene una boca muy rica’ (esos acosos son seña de que se siente bien y anda de buenos espíritus). Ella no lo sabe, pero se le descubrieron dos tumores malignos, que según los médicos, le darán posiblemente unos noventa días más de vida (aunque como verán, han sido más). Se le hizo una pequeña cirugía, para ponerle una especie de drenaje por que sus malas funciones hepáticas están envenenándole la sangre a poquitos (por eso estuvo color naranja).

El shock de la familia, como es de esperarse, se hizo presente: existe un caos a raíz de la noticia: unos por atenderle, otros por ver cómo se escapan de una forma políticamente correcta de hacerlo, otros que está exagerando, y algunas absurdas versiones más.

Es difícil aceptar que Tina va a morir. No es que nunca lo deje de ser con cualquiera pero… Tina? Siempre ha sido una mujer tan fuerte! Ella era la que curaba a sus hijos y nueras cuando enfermaban… todavía recuerdo con viveza que era la única que tuvo estómago para curar la infectada cicatriz de Blanca, y la única que tuvo el corazón de ver cual si fuera un monstruo del doctor Frankenstein, todo reventado y cosido, a su hijo antes de morir de cáncer precisamente.

Yo no me escapé; me cuesta aceptar el hecho de que debiera sentirme triste, para empezar. Es decir, cuando pienso en ella, me brincan por todo lados historias, vivencias, y comentarios, ocurrencias, consejos, enseñanzas, momentos dorados que me llenan de nostalgia que simplemente me terminan haciendo sonreír agradecido. Es una presencia tan fuerte, que si no te traumas a la par de ella, vives disfrutando montones todo lo que es… Mi catarsis por ende ha sido comenzar a escribir esta serie de posts, que han dejado aún miles de vivencias afuera, para compartir con otras personas lo que ella significa para mí.

No he querido pintarla en falsos colores. He tratado de exponer sus problemas, sus rabietas, sus defectos, en la misma dimensión que sus virtudes. Siempre me ha molestado mucho la gente que se niega a las realidades y te describen beatos que nunca existieron. He cuidado cada línea que he escrito para no describir a nadie sobrenatural, sino todo lo contrario, destacar como máxima virtud en Tina su humanidad. Así que ya habrán ilusos, lame-botas e hijos arrepentidos que la eleven al cielo cuando muera… yo voy a tratar, por terapia, de verla como lo que es, muy con los pies en la tierra, todavía, mientras le veo en vida…

Cuando la saludo, le digo bromeando: “Hola vieja loca!”, y ella siempre me contesta siguiendo la broma: “Loca su abuela”. Muchos se ofenden, y dicen que cómo es que le falto el respeto de tal forma. Pero ella me entiende. Dice que soy ‘su chiquito’ y que nunca nadie va a poder repetir en ella la cercanía que tuvo conmigo; es cierto. Durante todos estos días, cuando le he visitado o me quedo con ella a cuidarle en la noche, nos hemos reído, llorado, y hasta peleado, por que dice que ya no me duermo tan fácil como antes, con solo hacerme piojito en la frente. La loca de Tina: no deseara que me hubieran regalado otro destino. Así de loca la quiero.

Mi vida está muy marcada por su presencia. Por ella fui un bebé obeso. Con ella hice mi primer viaje fuera del país, a Panamá. Por ella, viviendo en San José viajé con mucha frecuencia a Limón, y también por ella conocí por dentro las Iglesias Bautistas. Gracias a su obsesión por la crema de tortuga, puedo distinguir su hedor a metros de distancia.

Es difícil.

2.8.07

Tina [06]

Para quienes no le conocieron con mayor profundidad, Tina tampoco pasaba desapercibida. En diciembre, su fama llenaba los charts por lo que quizás fue su producto comercial más destacable: Los tamales. Preparados no con masa 'comercial' sino con una mezcla hecha a partir de maíz molido, en la familia y conocidos suyos, comerse un Tamal de Tina significaba la apertura oficial de las fiestas de diciembre.

Era inevitable ver su orgullo de sentarte al frente suyo con un tamal y una jarra de café, y esperar impaciente el -ya seguro para ella- veredicto de decir que era delicioso. Cuando no le iba bien, sus tamales eran solo riquísimos. Regularmente eran bastante más que eso. Durante algunos años a principios de la década de los noventa, Tina incluso llegó a establecer su 'franquicia', y era contratada por los dueños de algunas tiendas para producir sus famosísimos tamales, que eran los regalos navideños maquila que el señor daba a sus clientes.

Aunque yo no celebro la navidad, me gustaba pasar a la casa de Tina y tenía el permiso de mis papás para irme a quedar a su casa a ayudarle en el místico proceso de prepararlos. En teoría mi presencia era útil por mi juventud, y para que ella no recibiera el sereno de la madrugada para pasar el proceso de llevar el maíz cascado a moler. Además los tamales eran hervidos en un fogón algunas veces (las otras en una plantilla de gas), lo que significaba ahumarse forzosamente.

El proceso de visitarla y quedarse con ella siempre llevaba una secuencia parecida: el primer día me recibía con deliciosas comidas y había que luchar con ella para que delegara algunas de las funciones en mí (picar verduras, hervir caldos para la carne, comprar algunos víveres necesarios, o ayudarle a comprar semillas secas para los queques de navidad que preparaba simultáneamente). No hallaba donde ponerme de la contentera.

El segundo día, cuando había que ir a moler el maíz, a Tina se le olvidaba que yo iba a ayudarle y comenzaba a cuidarme como cuando me cuidaba de bebé. Me levantaba en la madrugada y no me dejaba salir si no me ponía 3 pantalones (algo ridículo si consideras que era sumamente flaco para entonces). "Se me pone dos suetas!" (sweaters), interpelaba concomitantemente. "Después se resfría y su madre dice que por andar ayudándome se enfermó, y me va peor que la vez que lo engordé todo".

Así que ahí estaba yo, con 2 sweaters encima, 3 pantalones, sin contar que el visible era un ridículo buzo rojo ladrillo de un hijo de Tina que era bastante más grueso que yo, y aquel balde con maíz zancochado, que tenía un característico olor que solo puedo comparar con las señoras que venden masa en el mercado, con un toque agrio por su sudor. Llegar al mercado a esas horas era un poco intimidante siendo que era zona roja, pero era una experiencia que sabía que nunca más iba a repetir llevar a moler maíz y pasar por todo el proceso de hacer eso antes que saliera el sol, al a vieja usanza. Pero ya comenzaba a verse la inminente necesidad de volver a mi casita por que la convivencia con Tina me recordaba ya no tan sutilmente por qué es que vivia solita...

Ya para la tarde, estaba estresadísima cocinando los tamales, y su tono de mando era bastante más imperativo. No me quejo, yo sabía que era así, y me gustaba ver el proceso. Trataba de hacerle preguntas en las que se perdiera un poco de su estrés contándome vivencias en nuestro terruño Limón, y su famosa casa de Santa Eduviges, que fue el mismo lugar en donde yo nací. Era tan divertido escuchar sus narraciones, sus recetas, sus consejos, y era simplemente de no perderse, escuchar sus cátedras disfuncionales en la materia de lo sexual! Entonces bajaba bastante la presión.

Me tocaba también algunas veces ayudar a atender a los visitantes de la familia que llegaban a verle, reclamando su tamalito. Pero ver la felicidad de Tina atendiéndolos era algo que tenía su sentido de retribución. Luego de comer, conversar, inquirir y chismear, los visitantes se levantaban, dejaban todo y se iban. Entonces mientras Tina iba a su iglesia, yo, en casa me dedicaba a explorar sus cajitas de música, todo el sector lleno de recuerdos de matrimonio, bautizos y regalos de la iglesia que ella guardaba como adornos a manera de salón de trofeos, en una esquina en su sala.

Al regresar, me regañaba un poco más haciéndome ver que el día sigueinte sería fuerte por que había que entregar los tamales. Me daba algo de cenar, como siempre riquísimo, y me mandaba a dormir. Luego de eso se levantaba con las luces apagadas para pasearse por la sala y dar gracias al Creador por el día. Aunque permeadas por el drama que siempre manifestó, las oraciones de Tina siempre me impactaron por que podía escuchar de cuánto detalle daba gracias, y me enseñó a ver lo que es importante agraecer para alguien que rondaba entonces los 65.

El tercer día era básicamente correr a guardar los tamales en las cajas, hacer el tour en taxi por todos sus familiares y las tiendas, y Tina decidía agradecerme invitándome a comerme un granizado con ella en el mercado de Heredia. Debo confesar que no soy de comer en mercados (se que sonó muy cursi, lo siento). Pero cuando alguien me invita, siempre acepto por que considero que vivir ese momento con esa persona es como llevarse un pedacito de ella y ver desde su perspectiva los asuntos. Así que se me van mis prejuicios sobre higiene y bienvenitos los estafilococos.

Tina conversaba entonces, con una sonrisa silueteada en su boca, sobre el proyecto de la tamaleada para ese año, y hacía completo un análisis F.O.D.A. (término publicitario que abarca analizar en detalle las Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas a la hora de lanzar un proyecto al mercado) sobre ellos.

Entonces, luego de eso, recogía mis cosas y me devolvía a casa, un poco cansado. Pero francamente enriquecido. Me resultaba increíble pensar que un trabajo como hacer tamales, pese a ser una rutina que durante años efectuó para mantener viva a su familia, era aún un trabajo que le apasionaba y le ilusionaba. Cómo no se cansaba? Cómo, durante tantos años, nunca llegó el momento que dijera, ya no hago más, fue suficiente? No me arrepiento de haber acompañado a Tina durante los momentos que podía, antes de meterme en esta elefantiásica telaraña del trabajo y los compromisos de la vida adulta.

Hasta la fecha, Tina no puede dejar un diciembre irse sin hacer tamales. Ya no los venden. Su familia en grupo le ha suplicado que no se haga daño más haciéndolos. Todo esfuerzo ha sido inutil. El diciembre pasado, el estrés de los tamales fue muy fuerte. Tina estuvo solita en el proceso y acusó haber sentido molestias sin precedentes a raíz de los colerones que se llevó... Ella creía que eso explicaba la inconsolable picazón, y el malestar estomacal producido... Estos síntomas eran realmente el inicio de una etapa más, que nos dan garantía de que por motivos de salud, no volveremos a ver los tamales de Tina.

Ahora, comerse un tamal será solo comérselo. Ya no será para mí repasar el historial de toda la garra, pasión, tensión y producción de lo que representó para alguien su medio de vida, su orgullo y su sentido de valía hasta un buen grado.

24.5.07

Tina [05]

“Aquí estoy, me tocó la mejor cama”, me dijo con un tono malicioso cuando la llamé al hospital para ver cómo le había ido cuando le internaron. “Y por qué, tenés buena vista por la ventana?”, “No -me dijo- es que me tocó la cama del centro. Y ya sabés, la del centro no lleva calzones”.


El espíritu de Tina es tan sui-géneris y sorpresivo! Como buena mujer de buena espuela en los mercados, se sabe todos los dichos, los refranes, tiene una extraordinaria capacidad para generar frases de doble sentido, y para nada se anda con tapujos cuando debe de hacerlo. Nunca me gustó hacerle mucho forcejeo a su humor, por que llegaba a grados de vulgaridad que no me quiero permitir manejar. Pero te puedo asegurar, que puede llegar tan lejos como te imaginés.

Tina tiene algo que a veces me incomoda un poco, pero en lo general me fascina: le habla a todo el mundo. Simplemente no conoce el silencio de ir sentada en un autobús sin mayor intelocución que su solicitud de parada. Así, era muy divertido escucharla tratando de conversar cuando le acompañaba, por que de camino evidenciaba otra característica que también me fascina: yo le llamo el 'síndrome del traje nuevo del emperador'. Es un fenómeno tan tico!

Para aclarar, yo le llamo así a la tendencia que tenemos en ciertas idiosincracias en las que simplemente no podemos admitir no conocer sobre un tema. Al afirmar que sabemos sobre dicho tema, recurrimos a invenciones o conclusiones totalmente absurdas, que lejos de dar a entender que sabemos de algo, más bien evidencian nuestra inmensa ignorancia.

Eso dicho, tal vez podás compartir conmigo lo risible que puede ser imaginarse a Tina: dando clases de inglés (“se dice senty colons, para decir twenty colons, pero se pronuncia senty”), arquitectura (“hay una ley en este país para que ya no construyan más edificios de 6 pisos para arriba, por que sino nos vamos a hundir”), medicina (absolutamente todo se arreglaba echándole bicarbonato), o higiene (como la vergonzosa ocasión en la que a mis siete años, me obligó a sentarme en un retrete de una gasolinera con la puerta abierta por que estaba segura de que yo quería hacer la mayor, y tras de eso hizo un escándalo huequeando unos periódicos para poner sobre la taza por que se me podía pegar una venérea -y yo ni sabía que era una venérea!-).

Ese factor, ha servido de base para cuanta historia te podás imaginar, que aunque ahora suenan divertidas, no todo el tiempo lo fueron.... Un ejemplo fué la vez que Tina la hizo de endocrinóloga:

Juan, apodado también “Cusi”, tuvo algún problema hormonal menor que retardó más de lo acostumbrado la adolescencia. Digo menor por que no se hizo un híbrido, pero tampoco es normal que a los 16 años y no hubiera mayor seña de adolescencia. En cierto momento hubo que llevarlo a donde el especialista debido, y bajo ciertos tratamientos el asunto fue resuelto.

Pues bien, yo nunca he sido alto. A los 14 años era mucho menos que ahora, y aunque mi adolescencia ya había comenzado, los signos de ella no habían sido exteriorizados (ni cambio de voz ni nada de eso). Uno no va a andar por todo lado proclamando como un faruscas la aparición de bello en ciertas zonas. Estamos hablando de la adolescencia, que es justamente la edad más compleja a nivel de pudores y timidéz. Así que para ella yo era un infante aún.

Un buen día, Tina quizo averiguar como andaban los asuntos en ese sentido conmigo. Para ella yo ya estaba retrasado, y era algún tipo de engendro genético malhecho. Comenzó a sugerir con su voz de pito que tenía que hacer las de “Cusi”. Que a uno le mandan unas inyecciones que le ayudarán a desarrollar rápido, a ver si acaso me hacía hombre. El siguiente punto es crucial para entender el nivel de ridículo que estaba pasando: has visto el movimiento requerido como para lanzar un yoyo hacia adelante? La mano contraída contra el cuerpo, es lanzada hacia adelante mientras se abre. Necesito que tengas este ademán claro antes de seguir. Luego de explicar el tratamiento con inyecciones, advirtió: “Pero tenés que tener cuidado. Si le ponen mucho de esas inyecciones, puede haber problemas y luego puede que le crezca mucho (aquí es donde hizo el ademán del yoyo) el miembro”.

Olvidaba decir, en caso de que no fuera suficiente ridículo lo que recién conté, que dijo eso en un autobús, así que otras personas estaban escuchando. Con Tina te puede pasar de todo. Menos aburrirte.

16.5.07

Tina [04]

Mi relación con Tina tiene también matices enfermizos. Tiernamente enfermizos, si me permiten agregar. Mis padres estaban viviendo con ella para el momento en el que yo vine al mundo, así que de alguna forma yo le permití vivir un segundo aire con el asunto de cuidar bebés. Como siempre, lo asumió siendo obsesiva.

Mi madre era también muy jovencita, y fácilmente influenciable. Tina le dijo que la leche que yo mamaba estaba mala, y prácticamente me destetó por arrebato. Para aquellos días había hecho un viaje a Estados Unidos, país en el que, según ella afirmaba, “amarraban a los perros con salchichas”. Aquí en mi país eran poco conocidas y productos de plutocracia alimentos de cereales como el Nestum, o papillas similares… Así que yo me convertí en el conejillo de indias al cual atiborraron de comida de esa… Fue poco tiempo el que bastó para pasar de ser un conejillo de Indias, a un cerdo de navidad (en otro post contaré sobre mis problemas de obesidad). Yo se que fue por amor.

Mi mamá cuenta también que en cierto momento llegó a pedirle que me diera a ella en adopción (no se que sería de mí si le hubiera hecho caso), y trató de hacer cuanto pudo por que anduviera con ella como si fuera un rabo. Como ya habíamos emigrado a la capital, la acompañaba muchas veces a Limón. Mientras eso sucedía, yo solía ser el comodín de las culpas. Que se cayó la ‘Cocaleca’ (una niña de la familia), chancleta va, que Juan Carlitos pegó un grito, chancleta viene, que no me comí todo, manazo va, o que se regó el refresco, manazo viene…

Yo fui un niño hiperactivo. De psiquiatra y todo (eso sonó tan Trevi!). Así que se imaginarán lo difícil que era dormir, con una cobija que picaba encima, a la par del bulto de Tina, con la hiperactividad de mis 5 años, en Limón, una provincia por mucho caliente y húmeda. Simplemente se me hacía imposible moverme. Siempre brincaba cuando gritaba con madrazo de por medio que si no era que yo tenía un hormiguero ya saben donde… (no me hagan explicarlo por favor!).

Recuerdo que me llevaba mucho a donde su hermana, una señora gorda, achinada, que siempre andaba sus uñas repintadotas, que a mí siempre se me pareció a Jabba the Hutt. No es una burla. En tu infancia no piensas en eso por burlarte de nadie, es que de verdad se me parecía. Comíamos en su soda, o bien en el de su otra hermana, que también tenía un tramito en el mercado. Siento, como si estuviera ahí, el olor a manteca, masa, frituras y el agrio del sudor de las señoras, al compás de los gritos de Tina.

Creo que después de todo, si hubiera llegado a adulto sin la influencia de Tina, no tendría mucho que contar. Y raro como suene, yo sé que Tina me quiere mucho. Sé que cuesta entenderlo luego de que te ha regañado y pegado por cuanta razón apareciera, pero dichosamente no era un adulto entonces para entender que esos hechos podían interpretarse negativamente. Yo sabía que Tina me quería. Y aunque me asustaba mucho, la verdad, yo también quería, y sigo queriendola.

Tina [03]

No sería justo decir que Tina no sabe amar. Pero ciertamente no ama de la forma más convencional. La pura verdad, he aprendido que son pocos los seres humanos que aprenden a amar de la forma correcta. Cuando no es una cursilería, es un método de control y manipulación, o una dependencia enfermiza, en ocasiones tan graves, que ni cuenta se dan de que tales vicios existen. Así que… quien de nosotros puede tirar la primer piedra?

La cantidad de personas con quien ella convivió a nivel romántico es un asunto que ella ventila poco. Se que anduvo con el señor Méndez, de quien habla poco, y quiero respetar ese silencio. Tiene que haberlo conocido siendo muy joven, por que concibió dos hijos con el, y el primero tuvo que haber nacido a eso de los quince años. La relación duró probablemente poco tiempo. En el ambiente en el que vivía, es de esperarse que no fueran pocos los pretendientes, ni pocas las decepciones que ella se llevó, exceptuando que hubo otro hombre, de quien ella quedó embarazada. Algo tuvo que haber salido mal para que comenzando el embarazo ya no existiera una relación sólida. Tal vez de hecho fue algo muy fugaz.

Fue entonces donde apareció Antonio. Delgado, algo fuerte, muy amoroso y tierno, pero con malicia de sabiduría popular (lo que llamamos aquí malicia indígena), Toño parece haber sido la persona con quien menos mal le pudo haber ido a Tina. Para ese entonces la langosta era un negocio que proliferaba en Limón, así que ambos tienen que haberse conocido cuando el gozaba de bonanza económica. A sabiendas del embarazo, Antonio decidió incluso dar sus apellidos al hijo que venía, y brindarle un hogar y afecto a los otros dos hijos que ya existían.

Vivieron juntos, suficiente como para procrear dos hijos, comprar casa en Santa Eduviges, y estabilizarse. Eso en sentidos económicos y geográficos, por que a nivel emocional nunca pudo darse. Se sabe que existieron constantes enfrentamientos verbales y agresión física (Tina tiene buen puño), durante mucho tiempo… Para la adolescencia de su hijo menor, la separación incluso llegó a ser algo no solo esperado, sino conveniente (ese par se iba a matar).

Hoy por hoy, Tina dice que Toñín fue siempre su único amor. Yo le creo, por que lo he visto. Luego de eso su vida parece haber tenido algo de influencia gitana, por aquí y allá. Vendió su casa, y con esa plata en su buche, sobraron quienes la hospedaran, y le abrieran las puertas, pero parece que otro gallo cantó una vez que la plata se gastó.

Desde la segunda mitad de los años ochenta y hasta la fecha, vive solita. Parece que ha intentado vivir con otra gente, pero no ha podido. Vivió con una muchacha que manejaba algo de retardo, y simplemente no le tuvo paciencia, lo cual es muy peligroso para una persona violenta. Luego vivieron con ella todos los hijos que se peleaban con la mujer, durante el tiempo de la separación, hasta que ellos decidieran irse…

Llegué a concluir que no era que no tuviera necesidad de compartir su vida con alguien. Si ella intentaba. Es que parece que, nunca aprendió a amar. Y tampoco tuvo cerca de nadie que tuviera la paciencia de enseñarle a amar y ser amada. Tina nunca tuvo que enfrentar la bofetada de aprender a aguantarle pelotudeces a alguien, y nadie le dijo a ella que amar va más allá de planchar, cocinar, lavar, atender, criar, y mantener. Cuenta que para ella era un gozo sentar a sus hijos y su familia y comer rico, comer bien. Quién en el mercado le enseñaría? Quién aguantaría los putazos que implicara hacerlo?

Cuando yo tenía doce años, con lágrimas en sus ojos a unas cuadras de mi casa, Tina me dijo: “Es dura la soledad”. Entendí lo que quería decir hasta que estuve viviendo solo. Tenés razón Tina. Es durísima a veces.

30.4.07

Tina [02]

Ahora se ve pasiva… pero no fue siempre así: recuerdo cuando fui con ella a Panamá y agarrando una pacha de guaro en su mano gritó luego de sorber un poco de la botella “en este viaje el guaro es un alimento” (parafraseando una canción folklórica). A manera de ejemplo adicional, supe que en cierto momento, cuando su hijo decidió regalar frutos de un árbol a una visita, Tina se enojó y le reclamó. Cuando este le recordó que el había sembrado dicho fruto, le dio un par de chancletazos y le sentenció: “Usted a mí no me vuelve a sembrar ni una pelota de mierda!” (siempre me da risa imaginarme esta escena).

Su crianza fue tan disfuncional como la de nuestros días. Su madre era soltera, y de hecho ella y sus hermanas son fundamentalistamente seguidoras del matriarcado. Hembras fuertes, tenaces, luchadoras, supervivientes, desde que son pequeñas. Para que te hagás una idea, en Limón, que abunda la gente gritona, a ella y sus hermanas se les conoció por las ‘cornetas’.

Vi una foto de ella cuando era joven, y por lo menos en esa foto se ve muy linda. Ahora se ve como una viejita linda (para mí, lo es)… Es pequeñita… Pelo gris, algo largo, un poquito enjuta y toda la piel llena de manchitas solares.

A pesar de no estar al máximo de su salud, y de ser opacados tras unos lentes bifocales un poco maltratados, todavía impactan sus ojos que se hayan en algún punto entre el verde y el celeste (aunque son más verdes que celestes). Sobre ellos caen cual dos amplios telones las bolsas arrugaditas de sus párpados, y se yerguen encima dos cejas que parecen boomerangs, que suelen alzarse cada vez que para bien o para mal, Tina decide hacer una afirmación importante.

Su nariz, es como la de la bruja que pintan en las caricaturas (aquella que cuando sale corriendo deja unos pelos en el aire dando vuelta), pero menos quebrada… como ya tiene sus añitos encima, tanto la nariz como el resto de su rostro tienen poros grandes y saturados, manchas, y sus arruguitas, que aunque no se entienda bien, a los ojos de algunos de nosotros, son ornamentales. Bajo su nariz, una boca ancha, pero de labios delgados. Su labio superior parece un paréntesis de cierre rotado a menos noventa grados, con el piquito del centro hacia abajo. Cuando habla, el labio, que con los años ya se le empezó a caer, indica de alguna forma su estado de ánimo… entre más arriba, más contenta está.

Crées que me estoy burlando? Poco importa. Ella sabe que no es así. Ella y yo hemos aprendido a reírnos de nosotros y a entender que en las cosas que los ignorantes que etiquetan ven deshonra, se esconden las más extraordinarias maravillas. Tina es una de esas. Tina es de alguna forma como un eclipse: única, poco frecuente, y si lo sabés ver bien, sabrás que detrás de ella se oculta una cantidad de luz que mas de uno que no es sensible ni sabrá que existe.

Hoy la cabeza de Tina huele a aceite de aguacate, y la piel huele como a rodilla raspada asoleada. Sus pies deformes por los juanetes estan limpiecitos, pero son testigos silenciosos de su árduo trabajo. Una suerte de monumento corporal a todas las calles que caminó, con sus canastas encima, para hacer su buchaca y guardársela, como todas las doñitas de aquel entonces, en su buche.

(Continuará...)

Tina [01]

Describirte a Tina, es como estudiar la psicología de un personaje de una película de Almodóvar… Tiene de santa y de mala. De egoísta y de altruista. De culpable y de inocente. De moral y de disoluta. De agresora y agredida. Es tan amorosa que se entregó para cuidar y alimentar sus hijos como madre soltera, y tan difícil que nadie ha podido, soportar vivir muchos años a su lado. Es tan franca que le dijo a la nutricionista del hospital en estos días que la debieran despedir por la porquería de comida que dan, y tan mentirosa que ha sido capaz de diseminar entre sus conocidos rumores terribles de sus allegados (incluyéndome) que no vale la pena siquiera citarlos.

Tina nació en Limón, en algún momento de 1928. Todos los que nacimos en Limón entendemos lo que marca ser de esa provincia. “Es que Limón es como otro país”, dice una amiga mía. Hay quienes afirman que vivir en Limón es como estar en Jamaica: casas verdes y celestes, cocos, calypso, reggae, patwa (o inglés ‘creole’), y el sueño de muchos negros que quisieron volver a su patria en aquel barco en ruinas encallado como monumento silencioso de los que quisieron emanciparse en el ‘Black Starline’.

Eso no es mentira, pero tampoco es toda la verdad… Limón, tal vez por ser puerto, alberga raíces indígenas, chinas, blancas y negras, y de unos años para acá con el olor salado del aire y los tubos herrumbrados, también se respira una cultura que ningún otro lugar del país refleja. Tal vez por eso no extrañe que Tina tenga ascendencia española, grite como una negra peleona, tenga sobrinas de ascendencia asiática, y que el amor de su vida, Antonio haya sido un descendiente de indígenas.

Aurora, su madre, fue exigente. Su infancia completa estuvo marcada, como la de la mayoría de aquellos días, por chilillos, hincadas en arroz, chancletazos, puñetazos, pellizcos (y no pellizquitos), pobreza, aprietos, pleitos, agresiones, y demás.

Una noche me comentaba que durante su infancia, si es que se puede usar tal término, siempre tuvo que trabajar. Cuando tenía 8 años, en una ocasión se quedó con fiebre dormidita en el tren, vendiendo bizcocho, y los del tren la conocían tanto, que le dejaron hacer todo el viaje de ida y vuelta hasta que llegara de nuevo.

Desde niña, Tina trabajó vendiendo productos basados en el maíz (tortillas, bizcochos, tamales, empanadas y afines), para sobrevivir. Trabajaba en el mercado y en las calles. Como habrás deducido a este punto, Tina nunca tuvo mayor reparo en repartir putazos e insultos indiscriminadamente. Nadie se imaginaba que la chiquilla malcriada, hedionda a masa agria, dejó su infancia con el insatisfecho antojo de no tener aquella muñeca de trapo con la que siempre soñó. No habría tiempo para eso…

Tal vez por mecanismo de defensa o supervivencia, o tal vez simplemente por que ella es así, no escatimaba en agredir a quien fuera necesario según su código moral, y se cuenta que uno de los peores pleitos de Limón de cantina, presentes en la memoria de muchos de ahí, tuvo su inicio con un reclamo de Tina a Antonio, padre de sus últimos dos hijos.

(Continuará...)